Archivos de: Septiembre 2005

28.09.05

Permalink 10:25:04, Categorías: AUTORES

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE JUSTO E. VASCO

POR JOSÉ MONTERO MUÑOZ

Se podría decir muchas cosas de Justo E. Vasco, pero creo que en este caso sobran las palabras, porque él a través de sus páginas escritas en novelas, ensayos y traducciones nos habla con suficiente elocuencia sin olvidar su talante. Yo que he tenido la oportunidad de escucharlo en un congreso de novela negra en Alicante, Mayo Negro (organizado por el escritor y periodista Mariano Sánchez Soler, con la colaboración de la Sede de la UA), sólo puedo decir una cosa: Justo es una persona humilde por los cuatro costados. Ya sea en su manera de hablar a un público neófito en la materia negra como en la forma de entender y explicar la realidad que nos fue desgranando en una hora y media, donde tuvo cabida todo tipo de temas. Por lo dicho hasta ahora, me gustaría poner una serie de ejemplos y sensaciones siempre vistas desde mi propio punto de vista, con lo que no pretendo convencer a nadie, pero tampoco deseo que mis palabras se tomen por halagos vacuos y sin sentido.

Para ejemplificar lo que estoy exponiendo, hablaré de algo que todos tenemos más a mano. Sería como entrar en un concesionario de coches: lo primero que vemos, porque es así, las marcas conocidas, las que nos llaman la atención; pero creo que tenemos que tener en cuenta a la hora de comprar un coche, además de las marcas, las prestaciones del modelo. Esto mismo llevado a las traducciones lo podemos encontrar en libros que son publicados por editoriales de confianza, que suponemos publicarán buenas traducciones, pero que cuando entramos en la lectura de aquellos mundos imaginados en otra lengua nos parece que las palabras no terminan de casar, chocan unas contra otras, lo contrario a lo que debería ser. Ya que la traducción, aunque sea una adaptación, no la podemos ver como algo ajeno a nosotros mismos: el traductor es un pequeño traidor; porque entre otras cosas es normal, ya que las traducciones tienen por naturaleza dos problemas fundamentales, por lo menos bajo mi punto de vista: la primera, el enriquecimiento que pueda darle el traductor con sinónimos casi imposibles, que nosotros humildes lectores debemos correr como conejos al diccionario para poder entender qué nos quieren contar y cómo lo quieren hacer. La segunda, la libertad poético-literaria que se suele tomar el traductor, que más que traducir, lo que hace no es ya interpretar, que hasta ahí creo que todos estaremos de acuerdo que es lo que debe hacer un buen traductor, sino todo lo contrario: se toma la licencia de la creatividad suprema de la reescritura de un texto. Es decir, el texto original es saturado por guiños y juegos verbales en lo que el traductor nos muestra las tablas que tiene. Esto puede estar muy bien, pero la mayoría de las veces lo único que hace es entorpecer la lectura.

Por todo lo dicho ahora puedo entrar en materia, es decir, puedo hablar de un traductor que bajo mi punto de vista es un hombre respetuoso con el texto original, pero que a la vez le da un ritmo y una carencia propia: me refiero a Justo E. Vasco y a su traducción de “El largo adiós” de Raymond Chandler, publicada en Clásicos Gimlet. No cito la editorial como incitación al consumismo, para que ahora, cuando terminéis de leer esto, bajéis a la librería más cercana y la compréis, sino porque la traducción de Justo Vasco está publicada en esta editorial. Pero lo que sí hago es recomendárosla como lector de un género que te engancha desde la primera página y no te suelta hasta la última; este es uno de los secretos mejor guardados por los cultivadores de este género. Algo que como lector no he encontrado en muchas otras lecturas. Para ser más gráfico, es como si el autor y tú, lector activo, os enzarzarais en una lucha sin cuartel. Tú no quieres dejarle respirar y él a ti tampoco, y conforme avanzas en la lectura los golpes que vas recibiendo te guían hasta un final que te deja noqueado. Levantas los ojos de la última página y te preguntas: “¿Qué ha pasado?” Este es el arte de estos autores, el golpear en el hígado y no disculparse ni justificarse, porque alguien lo tiene que hacer. Pues esto mismo es lo que yo he encontrado en la traducción de Justo Vasco, un traductor que se nota en su forma de cuidar el texto que conoce a la perfección al autor y, sobre todo, lo respeta, aparte de demostrarnos lo grande que es como escritor. Porque en este caso se han juntado las dos cosas, un gran escritor y un mejor traductor.

Por eso mismo aquí la máxima que el traductor es un traidor no se llega a cumplir, ya que bajo mi punto de vista Justo nos muestra con un virtuosismo increíble la fuerza de unas palabras que beben directamente del original, sin llegar a contaminarlas por el ego o las mejoras que al traductor le nacen.

Por esta razón recomiendo que se lea, en el caso de que no se haya leído nunca, El largo adiós; sin embargo, a los que lo han leído en otras ediciones, a éstos y sobre todo a éstos, les recomiendo que relean El largo adiós, pero esta vez desde un punto de vista mucho más puro. Donde las palabras y los sonidos que éstas hacen en la soledad de tu cerebro te arrastran por las hojas sin que llegues a darte cuenta.

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